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Caracterización de personajes literarios: cuatro excesos que restan atractivo a tus protagonistas

Estos son cuatro de los errores más comunes y problemáticos que cometen los escritores principiantes al dar forma a sus protagonistas.

Leer es un acto de empatía. Cuando se sumerge en una historia, el lector desea sentirse identificado. No contigo, sino con tus personajes. Ojo, que esto no quiere decir que tus personajes se tengan que parecer cuanto más mejor a tus personajes. Para nada.

De hecho, cuanto más distintos a nosotros sean los personajes que leemos más atractivos nos resultan. Porque de eso va la lectura también, de meterse en la piel de otras personas, de vivir otras vidas como en la canción de Sabina.

Pero, aunque no es recomendable crear protagonistas a imagen y semejanza de tus lectores (ni mucho menos de ti, por favor), tampoco deberías hacer a tus personajes tan inverosímiles que resulte imposible empatizar con ellos.

Caracterización de personajes literarios: cuatro excesos que restan atractivo a tus protagonistas

¿Y eso cómo se come, Sara? Venga, vale, voy a dejarme de teorizar y te voy a dar cuatro consejos concretos para caracterizar a tus personajes, en especial a tus protagonistas, sin caer en algunos de los excesos más comunes entre escritores principiantes.

Exceso número 1 en la caracterización de personajes literarios

Un personaje demasiado perfecto

Nadie es perfecto. Puede que sea un tópico, pero es la pura verdad. Todos tenemos defectos y debilidades, todos cometemos errores y nos equivocamos. Si tu protagonista es tan inmaculado que no hace nunca nada mal, resultará aburrido a más no poder. Será repelente y poco creíble. El lector no querrá saber más sobre él, sino perderlo de vista de una vez por todas. A mí, he de confesarlo, me pasa con Superman: qué plasta de tío, de verdad, no puedo con él.

Aunque quieras que tu personaje sea bueno, asegúrate de ponerle al menos un par de defectillos. O, mejor aún, defectazos. Esto lo hará más verosímil y más atractivo para tus lectores, además de más humano. Piénsalo: hasta Ned Flanders revienta de rabia en un capítulo de Los Simpson.

 

Exceso número 2 en la caracterización de personajes literarios

Un personaje demasiado desgraciado

Es cierto: ver a alguien sufrir nos acerca a esa persona. Hacemos nuestro su dolor y queremos aliviarlo. La compasión es una cualidad muy humana. Pero tiene límites. Y más en narrativa. Si tu protagonista es tan tan desgraciado que no le sale ni una bien ¿para qué seguir leyendo? Ya sabemos lo que va a pasar: una calamidad detrás de otra. En palabras de Mittelmark y Newman: Los personajes de una novela deben tener serios problemas. Pero un solo personaje no debe tener todos los problemas conocidos por la humanidad.

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Exceso número 3 en la caracterización de personajes literarios

Un personaje demasiado políticamente correcto

En este punto es necesario que hagas un ejercicio: despégate de tus personajes. Tú no eres tus personajes, así que no temas por lo que tus lectores vayan a pensar de ti si creas un protagonista incorrecto y hasta despreciable. Y más aún si escribes novela histórica. Por mucho que te cueste aceptarlo, los valores de hoy son los valores de hoy.

Lo siento pero en el pasado había maltrato animal, machismo y homofobia. Hoy los sigue habiendo, pero es que entonces ni siquiera había un nombre para estos fenómenos, porque eran sencillamente lo normal. Los inventores de la democracia tenían esclavos, ni más ni menos. Así que mucho cuidado con colocar a un vegano del siglo XXI en la Edad Media. O la verosimilitud de tu relato se verá seriamente afectada.

 

Exceso número 4 en la caracterización de personajes literarios

Un personaje demasiado normal

Estatura media, corte de pelo normal, ojos de un marrón común, nariz mediana, pies (o labios, o pechos) ni grandes ni pequeños. Puede que tu protagonista tenga estos rasgos, pero como no los obvies y te centres en esas características que lo hacen especial, al lector le importará un bledo si vive o muere. Porque ni siquiera habrá llegado a ver a un personaje en esa descripción.

Y esto es aplicable no solo a las características físicas, claro, sino también a la personalidad. La moderación, en narrativa, puede ser también un exceso. Busca algo que haga a tu personaje distinto, único, inolvidable. Y céntrate en eso o lo único que conseguirás será no dejar ni rastro en la memoria de quien te lea.

 

Estos no son los únicos errores que puedes cometer en la caracterización de tus personajes literarios, pero sí son cuatro de los excesos más comunes y más problemáticos. Tenlos en cuenta a partir de ahora y los protagonistas de tus próximas historias tendrán más puntos para resultar atractivos.

Así que ya sabes: te toca. Revisa los últimos personajes que has creado y busca en ellos estos excesos. Luego púlelos. ¿No sabes cómo? Yo te echo una mano. Pega en los comentarios un fragmento breve de tu descripción o de tu historia, en el que quede caracterizado uno de los personajes, y te echaré una mano para identificar y eliminar estos errores. Si lo prefieres, puedes hablarme también de personajes que te caigan bien o mal por estos motivos, me encantará charlar un rato contigo.

4 Comentarios
  • Lucía
    Publicado a las 09:03h, 03 junio Responder

    Hola! Aquí te dejo la descripción de un personaje de mi proyecto de novela (no es el protagonista):

    Después de caminar unos diez minutos por esa avenida, nos metimos por una calle a la izquierda, caminamos otro poco y luego a la derecha hasta que se paró en la puerta de una floristería. Esta se llamaba Floristería Gladiolus. En ese momento pensé que era un buen nombre para un comercio así. Entramos.

    La floristería la regentaba una mujer muy gorda, con cara de bonachona, así como Carmen, la mujer que limpia en mi casa. Era de mediana estatura pero, al estar tan gorda, se hacía muy baja. Tenía el pelo a la taza, rubia de bote, como todas las mujeres a esas edades que se tiñen el pelo y, con el contraste de sus cejas y sus ojos que eran marrones, le daba un aspecto muy raro. Aparentaba tener más años de los que tenía en realidad pues esas arrugas que tenía en la frente y en los ojos cuando sonreía le hacían parecer una mujer muy mayor. Llevaba las gafas de ver atadas al cuello con un cordel y tenía puesto un mandilón de cuadros pequeñitos, rosas y azules. Nos recibió con una amplia sonrisa y con un ramo en su mano que estaba preparando detrás del mostrador de alguna flor de la cual no recuerdo su nombre, pero se veía delicada. Nada más hablarnos, noté, por su acento, que era sevillana de pura cepa.

    —¿Cómo e’tá el negrito de mi arma? —preguntó la señora dejando con sumo cuidado el ramo.

    —Hola Juanita —dijo W. dándole un beso en la mejilla—. Te presento a este chaval —. Mirando para mí nos presentó.

    —E’tá muy flacucho, zagal, tiene’ que comer má’. W. me da a mí que e’te chiquillo te va a sacar el puesto. ¡Mi arma qué guapo e’ el jodío! —. Y va la pava y me mira de arriba abajo lascivamente mordiéndose el labio inferior. Será guarra la tía.
    _____________

    No sé si eso de escribir intentando poner el acento está bien.

    Espero tus comentarios 😉

    Un saludo.

    • Sara Suberviola
      Publicado a las 11:31h, 08 junio Responder

      ¡Hola, Lucía! Muchísimas gracias por compartir tu texto 🙂
      Respecto al acento, lo cierto es que al intentar transcribirlo tal cual es un poco complicado de leer. Ya dices que es sevillana, así que como lectora soy capaz de ponerle el acento en mi cabeza. Creo que ‘jodío’ y ‘arma’ sí pueden ayudar, pero el resto me resulta algo excesivo e incómodo a la hora de leer.
      En cuanto a la descripción, en general pienso que está bien construida. Me gusta que parezca más baja y más vieja de lo que es en realidad. Sin embargo, ¿cómo sabe el narrador cuántos años tiene en realidad si la acaba de conocer en ese momento? Tal vez podría saberlo por sus manos, por ejemplo, pero eso no nos lo cuenta. O podría parecer más vieja solo al sonreír.
      Los detalles de su aspecto físico están bien, me ayudan a verla con claridad. Para saber si te has detenido poco o mucho en este personaje debes valorarlo según la importancia que tenga dentro de la historia y las líneas que le dedicas en proporción al texto completo (el capítulo por ejemplo).
      Yo eliminaría algunas frases que creo que aportan poco, como «En ese momento pensé que era un buen nombre para un comercio así» (no veo que este pensamiento me diga nada del narrador), o «como todas las mujeres a esas edades que se tiñen el pelo» (bueno, no todas las mujeres se tiñen de rubio, cuando lo leo pienso esto y me distraigo de la escena, tal vez tenga sentido dentro de la caracterización de tu narrador, no lo sé).
      Al final del fragmento veo un cambio importante en el tono del narrador, cuando dice «y va la pava» y la llama «guarra». Está bien que el narrador se exprese en estos términos si es su forma de hablar o su personalidad, pero no me cuadra con lo que he visto antes: alguien que se fija hasta en los colores de los cuadros del delantal y en la delicadeza de las flores.
      Espero haberte ayudado, Lucía, un fuerte abrazo.

  • ENRIQUE MARCOS PASCUAL
    Publicado a las 18:50h, 02 junio Responder

    Ahí va la descripción de mis perrsonajes:
    JOAQUÍN:
    Mi nombre es Joaquín, en mi trabajo soy el Sargento Villacampa y mis amigos me llaman “Joaco”. Nací en Santoña y luzco con orgullo ser de pueblo, tengo un orgullo aldeano de pertenencia si se quiere. En Santoña no se había hecho visible la despoblación, al contrario, en verano triplicaba su población. Estoy destinado en el cuartel de Santoña y estoy adscrito a la policía judicial. Tras aprobar la oposición pasé por varios destinos pero tras el ascenso a Sargento me afinqué en mi villa natal y eso que en ocasiones lo lamentaba por los compromisos que mi puesto ocasionaba. Yo me defino como un perfilador de criminales y disfrutaba con mi profesión. Creo que soy intuitivo, tengo capacidad para percibir detalles y para percibir patrones de conductas delictivas. Tengo un hermano gemelo que se llama Felipe, que en varias ocasiones me ha hecho pasar apuros, al intentar pasarse por mí. Teníamos ojos grandes y expresivos color kiwi para unos y con tonos azules para otros. Yo tenía una barba ya incipientemente canosa, junto a mis sienes también blanqueadas, que me daban un cierto aire de gravedad y misterio. Mi hermano también tenía barbas plateadas, algo más largas, mezcla de mago de Tolkien y los viejos vaqueros con sombrero y escopeta que se balancean en la mecedora del porche. Mezcla también de marinero con la cara rajada por el viento y las heridas por el salitre. Desde la cuna nos entendíamos con gestos y teníamos una lengua secreta, que según el médico se conocía como criptofasia. Era el idioma secreto de los gemelos. Yo reconozco mis limitaciones como padre, y mis meteduras de pata y los malos ejemplos, como cuando mientes a tus hijos, cuando los evitas, cuando les levantas la voz y entonces es cuando comprendes a tus propios padres. Además los últimos años me había volcado en exceso en mi trabajo, sufría “una profesionalitis” y dejé de lado a mi familia. Retrasaba el llegar a casa, aferrándome a cualquier excusa.
    FEDERICO:
    Federico era el presidente de los ultras del Santoña C.F. también había cruzado por allí con sus colegas del Grupo Ultra. Federico había ido incubando un odio racista, cincelado a lo largo de los años, que mostraba en foros de internet. Así lo había subido en su perfil de Youtube. Federico, tras ser expulsado del instituto de Santoña no fue a la universidad, y así como amigos suyos experimentaron en este periodo el sexo, la diversión y el placer. El con 22 años seguía virgen. Estaba obsesionado, no entendía porque las chicas no se sentían atraídas por él y porque se arrojaban a los brazos de cualquiera, cuando él era un caballero ejemplar. De ahí había pasado a priorizar a otras razas y etnias como factor de triunfo social. Tenía además una relación de amor-odio con su madre. Le atraían las mujeres con los mismos rasgos de ella, morenas, pelo rizado.
    Federico, aquel compañero de clase, alumno de mi madre Remedios, del que no supimos hace años comenzaba a aparecer por Santoña, ligado a los ultras y llevando un nivel de vida bastante alto, sin tener una profesión conocida. Se le relacionaba con el mundo de la droga en la zona de Santoña- Laredo – Noja. Su lugarteniente era Kaduri, un marroquí que traía desde su tierra la droga. Federico, a pesar de la diferencia de edad, comenzó a salir con Trini, mi exmujer. Era la veterana y capitana del equipo de fútbol femenino del Santoña FC. Allí en las instalaciones del equipo de fútbol se conocieron. Federico engatusó a Trini con su piel de cordero. Utilizaba con ella estrategias de chantaje emocional. Aunque también la trataba mal,
    – Estás gorda Trini, no sé cómo puedes jugar en el equipo de fútbol.
    A pesar de ser una mujer de fuerte personalidad, la anulaba. Era él, el que tomaba el control. Había manipulado y creado a propósito una situación de desequilibrio de poder que le permitía inclinar la balanza a su favor y lo hacía sin que fuese evidente para su víctima. Utilizaba la mentira de forma inteligente, negando cosas que había dicho. Trini había puesto a Federico por encima, incluso frente a sus propias necesidades e intereses personales. Cada vez distanciaba más el tiempo de sus visitas a Ignacio. Yo veía a Trini cada vez con su autoestima más minada. La veía triste, insatisfecha, insegura y además la veía que encima se sentía culpable de la situación. Federico era un auténtico manipulador emocional, sin escrúpulos, que en cuanto detectaba tu punto débil, lo usaba para manipularte. Hacía que renunciaras a tus intereses y valores para poner los suyos propios por delante. Había envuelto poco a poco a Trini en su red. En el fondo Federico era una persona insegura y con baja autoestima, pero lo encubría bajo actitudes egoístas y dominantes. La relación derivó en situaciones complicadas por parte de Trini. Un día que vino a ver a Ignacio, me transmitió su intranquilidad. Yo ante aquel estupor, inquietud, desasosiego y temor le dije
    – Déjalo ¡Trini por favor! Es un mal bicho, cuanto más lejos estés de él mejor. Para ti es una relación tóxica. Tienes que denunciarlo y si no lo haré yo.
    Pero Trini asentía y callaba, estaba ciega. Me parece que yo era el único que me daba cuenta de la naturaleza secreta, de ese personaje sibilino y cruel, de impulsos incontrolables, tan inquietante por lo que deja ver como por lo que se le intuye. Con las cosas que me contaba Trini, veía que tenía que hacer lo que él decía. Comenzó a ejercer una violencia como hacía con su madre, Yolanda, como también lo hizo con el pobre Tomás, nuestro compañero de clase al que Federico acosó en la escuela.

    • Sara Suberviola
      Publicado a las 09:06h, 09 junio Responder

      Hola, Enrique. Muchas gracias por tu comentario 🙂
      Ahí van mis apreciaciones:
      Sobre Joaquín:

      – Revisa los tiempos verbales, van bailando del presente al pasado sin un equilibrio claro. Por ejemplo hablas de la barba en pasado ¿ahora ya no la tiene?
      – Me parece una descripción demasiado larga para ponerla tal cual dentro de una historia, lo veo más como una base que te sirva para ir poniendo fragmentos o pinceladas en la historia
      – Lo que más me ha gustado de tu descripción: la comparación con el vaquero, los ojos color kiwi, que tenga tres nombres para sus tres facetas

      Sobre Federico:

      – Es malo malísimo, igual demasiado. Para que el lector empatice debería tener algún rasgo que lo equilibre un poco
      – Insistes mucho en su carácter manipulador y maltratador, creo que no son necesarias tantas líneas para que quede claro. Además si en lugar de describirlo lo muestras a través de sus acciones será más efectivo.
      – Veo una excesiva presencia de elementos psicológicos para justificar su carácter, desde el instituto hasta la relación con su madre, la baja autoestima… a no ser que el narrador esté estudiando psicología es mejor que lo revises

      Como consejo general, te animo a que intentes reescribir estas descripciones reduciendo su extensión a una cuarta parte y a que pienses en acciones concretas que muestren los rasgos de los personajes sin que el narrador sea quien lo tenga que contar todo.

      ¡Espero haberte ayudado!

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