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Cómo y por qué escribir una carta literaria

Practicar el género epistolar te ayudará a reforzar varias herramientas de creatividad literaria, hazlo ahora con este ejercicio

Como género literario, la carta tiene mucho que decir. Y cuando digo carta no estoy hablando de papel. El género epistolar se practicaba en papiros hace cuatro mil años igual que se puede practicar hoy a través del email o hasta del whatsapp.

Vale, igual-igual no. Pero en esencia puede considerarse lo mismo: un mensaje escrito de una persona a otra.

Con algo tan simple como una breve carta, puedes crear todo un mundo. ¿No te lo crees? Pues lo vas a hacer ahora mismo, porque lo que quiero proponerte es precisamente eso: que practiques con la carta como género literario.

Si estás en plena ebullición creativa ya te estarás frotando las manos a la espera de mis instrucciones. ¿Que no estás teniendo un día muy inspirado? Pues toca argumentación racional.

Por si acaso los necesitas, voy a darte unos cuantos motivos para realizar el ejercicio de hoy.

La carta como género literario: cómo y por qué practicar escribiendo una carta

Esto es lo que estás practicando si escribes una carta con voluntad literaria:

  • La primera y la segunda persona

Nada de narradores omniscientes. En el género epistolar, lo único que le llega al lector son las palabras del autor de la carta. Las cartas siempre están escritas en primera persona (por lo general del singular), con la particularidad de que, al contar con un destinatario, utilizan también la segunda persona. Esto último es muy poco habitual, me atrevería a decir que tú, como escritor, apenas la has utilizado. Por eso, escribir una carta te ayudará a explorar las posibilidades y las limitaciones de la segunda persona.

  • La presentación indirecta de personajes

El formato de carta limita el punto de vista al del narrador-protagonista. Todo lo que el lector recibe pasa por ese filtro. Pero el narrador no es el único personaje de la carta. Siempre tiene que haber, al menos, otro: el destinatario. Este segundo personaje solo puede presentarse de una manera: de forma indirecta a través de las palabras del narrador. Así, escribir una carta literaria es una buena oportunidad de practicar con el estilo indirecto desde el punto de vista de un personaje, que es uno de los seis tipos de caracterización literaria de los que te hablaba en este artículo.

  • La teoría del iceberg de Hemingway

Decía el sanferminero más internacional de todos los tiempos que ocultar información en un relato seirve para fortalecerlo (si todavía no conoces la teoría del iceberg de Hemingway te la explico aquí). La carta es una buena manera de poner esto en práctica, porque cuando uno escribe una carta personal es porque tiene una historia compartida con el destinatario, una historia que no requiere ser explicada, ya que ambos la conocen. El lector tan solo la intuye, y tú puedes aprovechar para generar intriga y atracción, para conseguir un texto más magnético e impactante.

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¿Qué? Esto de las cartas tiene más sustancia literaria de la que parece, ¿verdad? Pues ahora vamos a sacarle partido. A continuación voy a proponerte un ejercicio paso a paso para practicar con la carta como género literario.

Ejercicio: escribe una carta que no va a ser leída

El punto de partida de la creatividad, tal y como yo lo veo, es siempre una limitación. Una condición externa que convierte el acto de escribir en una solución a un problema. En este caso, tus limitaciones son dos.

Por un lado, el formato de carta, que te obliga a utilizar la primera y la segunda persona y el estilo indirecto de presentación de presonajes. Pero además, voy a ponerte una segunda condición: el destinatario de tu carta jamás la va a leer.

¿Por qué te pongo esta segunda condición?

Bueno, en parte este artículo es una variante del género epistolar: hay un único narrador, que soy yo y por tanto pongo las normas. Además hay otra razón, un motivo personal. Este artículo se me ha ocurrido después de leer una noticia en el periódico: un libro que recopila cartas reales de personas que estuvieron encerradas en un manicomio español y que nunca llegaron a ser enviadas. Se trata de un testimonio muy valioso de cómo vivieron aquellas personas en realidad, de las que ya solo sabemos lo que ellas mismas dicen. ¿No es alucinante? Ni siquiera sabemos nada de su estado mental, porque no podemos evaluarlas desde nuestros patrones actuales. No sé a ti, pero a mí me ha resultado tan inspiradora esta idea que llevo más de 700 palabras y ni me he enterado.

¡Empecemos! Sigue estos pasos para escribir una carta breve:

  1. Decide por qué el destinatario no va a leer la carta

Tienes plena libertad para elegir un motivo. ¿Necesitas ideas? Ahí van unas cuantas:

  • El destinatario muere antes de recibirla
  • La carta se pierde
  • Alguien impide que la carta llegue a su destinatario
  • Quien escribe la carta decide no enviarla
  • El destinatario de la carta no existe

 

  1. Decide qué motiva al autor a escribir la carta.

Puede ser lo que tú quieras: retomar un contacto perdido, hacer una pregunta, realizar una confesión, informar de un asunto sensible, pedir ayuda… o cualquier otra razón, lo que te dicte tu imaginación.

  1. Perfila al autor y al destinatario

Pregúntate cómo es la persona que va a redactar la carta. Esto te dirá cómo debe de ser su tono, su forma de expresarse, las palabras que elige, así como cómo es el destinatario según su punto de vista.

  1. Escribe una carta breve (menos de una página) y compártela en los comentarios

Cuéntame también la decisión que has tomado en el paso 1, porque lo más probable es que no pueda deducirla del texto y la necesito para poder comprender mejor tu trabajo.

¡Venga, manos a la obra!

4 Comentarios
  • Samu
    Publicado a las 01:19h, 22 julio Responder

    ¡Hola Sara!

    Gracias por este nuevo ejercicio, aunque debo confesar que me costó bastante, ya que es primera vez que escribo una carta ficcionada. Hice dos intentos antes del que voy a compartir porque sentía que no me estaba resultando. En este caso, la carta no llega a ser leída por su destinatario porque él ha muerto. Aquí va.

    Señor Teófilo Gutiérrez:

    Primero que todo, me presento, mi nombre es Julian Valdebenito y soy su hijo. Perdón por darle esta noticia tan abruptamente, la verdad es que antes de esta he escrito la misma carta veintinueve veces, cambiando algunas palabras, y siento que tanto rodeo no es necesario, usar eufemismos tampoco. Por eso he ido al grano desde el comienzo.

    Ahora que ya solté una de las principales razones que me llevaron a escribirle, paso a contarle que hace tan solo tres días descubrí que es usted mi padre biológico. Probablemente usted desconocía mi existencia hasta ahora, pero yo he estado buscándolo durante muchos años, más de la mitad de mi vida. Pregunté a mis padres adoptivos y a otras personas, entre ellas a mi madre biológica, a quien logré hallar hace veinte años, ni ella recordaba mucho sobre usted, ya que fue una aventura de una noche, en fin, no lo voy a juzgar. Reuní cada pista pero siempre llegando a resultados bastante nebulosos. Usted no va a creerlo, pero ansío conocerlo, a pesar de que pueda ser tarde. Es una pena, y tengo temor ante cierta posibilidad que me lo impida, así es que mis expectativas son bastante bajas porque en un mes más cumpliré noventa y dos años.

    Pese a las probabilidades, quedo atento a su respuesta.

    Tu hijo, Julian.

    • Sara Suberviola
      Publicado a las 10:25h, 22 julio Responder

      ¡Hola, Samu! Qué bien has gestionado la sorpresa final, de verdad que no me lo esperaba. Al principio me sorprende el tono, la formalidad en las palabras y fórmulas elegidas. Pero luego, al saber que es un hombre mayor, cobra todo el sentido. Lo que parece una carta un poco fría para el tema en cuestión, resulta que al final es pura ternura. El anciano que escribe con la ilusión de un niño, pese a saber que es prácticamente imposible que el mensaje llegue a su destinatario. Veo a Julián Valdebenito arrugando con sus manos los 29 borradores y la imagen es conmovedora. En la primera lectura se me han ocurrido algunos ajustes, pero ninguno de ellos es imprescindible, así que merece quedarse tal y como está. Enhorabuena y gracias 🙂

  • Enrique Marcos Pascual
    Publicado a las 12:33h, 18 julio Responder

    Alguien impide que la carta llegue a su destinatario. (alguién de la Administración detiene la carta)

    Con esta carta quiero contar y denunciar la mafia que se mueve en torno al mundo de las pateras, al tráfico con personas. Hombres jóvenes, personas mayores, mujeres embarazadas, jugándose la vida en alta mar, para llegar al «dorado» europeo. Personas que invierten su ahorro y el de sus familias ganado poco a poco durante años, hacinados en barquichuelas.
    Junto a ella, otra mafia la de la trata de blanca, mujeres obligadas a prostituirse, en régimen de semiesclavitud. Aisladas, apartadas del mundo, invisibles para la sociedad. Sus secuestradores se aprovechan de que están alejadas del núcleo familiar. Por otro lado aprovechan la familia para amenazarlas de que si huyen irán a por su familia, Obligadas a devolver una deuda inexistente, que cada día aumenta por sanciones como llegar tarde, no estar bien con el cliente, comida, alojamiento, llamadas telefónicas. Negocios dirigidos por personajes sin escrúpulos que juegan con la vida de los seres humanos como si fuesen juguetes en sus manos. Para ellos la vida humana tiene el valor de unos cuantos euros. Ustedes como administración, tienen que actuar de oficio, desmontando estas redes mafiosas. Yo lo he intentado, me he introducido en estas redes, he hecho el viaje en patera, he conocido desde dentro las mafias de trata de blancas, con una vivencia personal sacar a mi hija de una de estas redes y con toda la información que he obtenido, fechas, datos, lugares, personas, quiero presentar esta denuncia.

    • Sara Suberviola
      Publicado a las 10:35h, 19 julio Responder

      ¡Hola, Enrique! Muchas gracias por compartir tu carta 🙂 Verás, pienso que la idea que propones es buena y que es un tema que puede dar mucho de sí. Sin embargo, tu enfoque es demasiado general para conseguir conectar. Al leer tu texto, no veo a los dos personajes: el autor y el destinatario de la carta. Pienso que con más concreción, la carta sería mucho más efectiva a nivel literario. Al final del texto mencionas a la hija del narrador y comentas que tienes datos concretos. Esto es lo más importante de todo y sin embargo no le das protagonismo, dices que está pero no lo muestras. En cuanto al destinatario, dices «ustedes como administración», pero esto no me dice nada, como lectora, de quiénes son esas personas. Desde mi punto de vista, en lugar de enumerar todos los horrores que hay detrás del mundo de las pateras, deberías centrarte en un solo caso y contarlo de manera más personal, contar una historia concreta en lugar de ofrecer un panorama tan general. Así conseguirías un texto más eficaz a nivel literario. Y lo mismo con el destinatario. Sería bueno que el autor de la carta supiera exactamente a quién se dirige y buscara conmoverlo exactamente a él. Creo que con estos cambios lograrías un texto más verosímil. Si te animas a editar el texto con estas pautas, estoy segura de que quedarás más satisfecho con el resultado. Un abrazo ¡y a seguir escribiendo!

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