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— “A bajas temperaturas, Caramelo cristalizaba un poco, volviéndose más frágil. Muchas veces no se reconocía en esa piel quebradiza y buscaba el abrigo de los demás. Pero, al dejarse fundir, se quedaba un poco pegada al otro, de manera que si se separaba perdía un pedacito de sí misma. Cada vez que le ocurría, a Caramelo se le quedaba en el alma un regusto amargo que tardaba mucho en desaparecer (…)” Fragmento de ‘Alma de Caramelo’

 

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