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Juegos para entrenar tu creatividad literaria mientras caminas por la calle (parte I)

Porque tu imaginación escritora va siempre contigo y cualquier momento es bueno para ejercitarla

La creatividad literaria no está en el papel, ni en el boli ni en tu ordenador. Tampoco en ese rincón tan especial que es tu refugio de escritura, ni en el silencio o la música que eliges para poner de fondo mientras escribes.

Tu creatividad literaria está en tu cabeza, por lo que la llevas puesta a todas partes. Estés donde estés, puedes ponerla en marcha, ejercitarla y sacarle partido.

Voy a hacerte una confesión personal. Llevo tiempo con este artículo en mente, pero no me decidía a escribirlo porque me da un poco de vergüenza lo que puedas pensar de mí. Sin embargo, después de haber identificado aquí a la vergüenza como uno de los grandes enemigos del desarrollo creativo, ya no tengo excusas para posponerlo más.

Juegos para entrenar tu creatividad literaria mientras caminas por la calle (parte I)

Si al terminar de leer el artículo piensas que soy una loca o una cotilla me tomaré lo primero como un halago y lo segundo como un juicio equivocado que se esfumaría enseguida si nos conociéramos un poco más.

Ahora sí, voy al grano. Quiero proponerte tres estrategias creativas que puedes poner en práctica mientras estás en la calle, o de compras, o en el transporte público. Te recomiendo que las practiques cuando estés a solas, porque si no tu acompañante va a sentir que no le estás prestando suficiente atención.

Son tres sencillos juegos que, además de divertirte, te ayudarán a obtener ideas para nuevas historias, así como a fortalecer habilidades básicas para escribir mejor, como la adjetivación, la naturalidad del diálogo o el uso de palabras sensoriales.

Mi intención era recopilarlos los tres en un único artículo, pero luego me he dado cuenta de que cada uno tenía suficiente sustancia como para protagonizar una única entrada. Además, si te doy uno por semana tendrás siete días para ponerlo en práctica y contarme cómo te ha ido.

Este es el primero de mis juegos preferidos para hallar la inspiración literaria mientras camino por la ciudad:

 

Juego nº 1: El adjetivo único

Inventé este juego cuando acababa de dejar mi trabajo para dedicarme de lleno a Te invento un cuento. Llevaba mucho tiempo (toda mi vida laboral, en realidad) trabajando para otros y saliendo tarde de trabajar. Sin embargo, entonces, por primera vez, era dueña de mi tiempo y, para celebrarlo, me había apuntado a clases de caligrafía después de comer. Para mí, en aquel momento, caminar un día laborable por la ciudad a las cuatro de la tarde era una experiencia totalmente nueva, así que atesoraba cada segundo del trayecto de mi casa al estudio de caligrafía. Tenía los sentidos abiertos y la inspiración a flor de piel. Y, sin darme cuenta, empecé a jugar.

Este ejercicio que surgió de forma espontánea me ha ayudado después a conectar con mi inspiración cuando lo he necesitado. Es curioso: es como si mi creatividad hubiera cogido mi excedente de inspiración y hubiera creado con él un mecanismo de reserva para el futuro, para asegurarme los recursos en épocas de escasez imaginativa.

¿Cómo se juega a El adjetivo único?

El juego del adjetivo único consiste en fijarte en las personas anónimas que se van cruzando contigo mientras caminas por la ciudad. Lo de ir caminando es importante porque reduce el tiempo que tienes para mirar a alguien: son tan solo unos segundos desde que lo ves venir hasta que lo pierdes de vista. En ese lapso de tiempo, tienes que decidir un adjetivo para definir a esa persona.

Debes pensar en una única palabra y tiene que ser lo más precisa posible. En mi caso, suelen ser adjetivos emocionales, que tienen que ver con cómo creo yo que esa persona se siente o está. Por ejemplo: ensimismado, intranquilo, irritado, satisfecho.

Es menos frecuente, pero a veces destaca tanto una cualidad física que elijo un adjetivo relacionado solo con el aspecto, como alto o arrugado.

Y en la mayoría de ocasiones la palabra que elijo describe a la vez el físico y el estado de ánimo: cabizbajo, agotado, radiante, juguetón.

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Sí, parece un mero entretenimiento. Pero te digo por experiencia que es un ejercicio muy útil para mejorar la adjetivación y la precisión. Al cabo de un rato te acabas picando contigo mismo. Hace ya un par de calles que has dejado de ver a ese señor al que habías tildado de triste pero tu mente sigue buscando una palabra más exacta para definir esa impresión que te ha causado: mustio se ajusta más a esos hombros caídos como de planta sedienta, apesadumbrado te encaja mejor con esas ojeras de no haber dormido por las pesadillas y a esa pesada losa que parecía sujetar sobre la espalda.

Además de mejorar tu precisión, este juego de creatividad literaria puede serte útil para otros fines, como recopilar ideas para nuevos personajes o distraer a tu mente de pensamientos negativos como “esta semana no he escrito ni una sola línea” o “lo último que he escrito debería quemarlo y esconder las cenizas”.

En mis próximos artículos compartiré contigo otros dos juegos para ejercitar tu creatividad literaria mientras caminas por la calle. Pero quiero que, además de leerme, seas tú quien los pongas en práctica. Así que, como siempre, ¡te toca!

Aprovecha tu próximo trayecto a pie para probar mi juego y cuéntame en los comentarios cómo te ha ido. ¿Has encontrado inspiración en los desconocidos? ¿Has desarrollado tu empatía? ¿Has dado con alguna palabra que te enorgullezca por su exactitud? Compártelo conmigo, estoy deseando conocer tus resultados.

8 Comentarios
  • Julia
    Publicado a las 18:03h, 16 julio Responder

    Luno acaba de llegar a la ciudad ¿Aspecto de turista? Sí, pero poco. Desde luego, le delata el plano extendido ante sus ojos que, abiertísimos, van desde la paginota a su entorno con expresión EXPECTANTE. Está parado, a punto de comerse el Casco Viejo.

    • Sara Suberviola
      Publicado a las 08:47h, 17 julio Responder

      ¡Gracias, Julia! Buen texto. Me gusta especialmente lo de «sí, pero poco» y lo de «comerse el Casco Viejo», porque hace que me pregunte por sus verdaderas intenciones: ¿es turista u otra cosa? ¿qué es lo que está esperando? ¿qué significa exactamente lo de comerse el Casco Viejo?
      No son preguntas que te pida que respondas, sino cuestiones que me suscita el texto y que hacen que me resulte más atractivo. También me gusta el nombre, porque es poco habitual y le da un aire más exótico, quién sabe si es una persona corriente o un monstruo disfrazado de humano que literalmente quiere tragarse la ciudad…

  • Julia
    Publicado a las 18:01h, 03 julio Responder

    Hola Samu y Sara

    Imagino al tipo inexpresivo de las flores…

    Es el último heredero de un panteón familiar, cuyos «habitantes» fallecieron hace muchos años. Pero él viaja cada año a visitarlo y llevar un ramo de flores. Se ha sentado para esperar el autobús o para descansar un ratico…

    • Sara Suberviola
      Publicado a las 08:02h, 04 julio Responder

      Muy bueno, Julia 🙂 Movido por la costumbre y la obligación, para él las flores no significan emoción alguna. ¡Gracias!

      • Julia
        Publicado a las 18:09h, 16 julio Responder

        He parado por aquí, releo lo que escribí y me surge una duda: las comillas de habitantes ¿hacen falta? Las puse porque habitantes se usa para vivos pero si habitan el panteón son habitantes aunque estén muertos. ¿Qué os parece?

        • Sara Suberviola
          Publicado a las 08:37h, 17 julio Responder

          ¡Hola, Julia! Yo creo que no son imprescindibles, aunque tampoco me chirriaron mucho al leerlo la primera vez. Podrías quitarlas sin que el texto perdiera nada ni se entendiera peor.

  • Samu
    Publicado a las 17:13h, 25 junio Responder

    Hola Sara:
    Esta semana me he demorado mas de lo habitual en responder, pero aquí estoy.
    Gracias por tus ejercicios, no pienso que estás loca ni nada, me parece muy bien que busques distintas posibilidades para hallar inspiración y las compartas. Este ejercicio me ha costado mucho, ya que soy una persona muy abstraída, me pongo los audífonos y pienso en otras cosas o en la música que voy oyendo, o en la próxima idea para escribir. Sin embargo, me he obligado, aunque sea un par de minutos, a explorar las posibilidades de este juego, y es cierto que muchas veces lo hacemos inconscientemente y de forma muy recurrente, quizás porque nos acostumbramos a hacer juicios de la gente. Pero una de las cosas que me pasó fue que me puse a oír una conversación entre dos señoras mayores, tenían aspectos y formas de hablar particulares que me llamaron la atención tanto, que en mi mente fui creando una ficción con todo ese material que estaba absorbiendo.
    Otro de los casos que rescato fue un tipo que vi sentado en una banca esperando a alguien con flores en sus manos. Su rostro no decía nada, así es que me puse a pensar en distintas posibilidades como estar feliz y enamorado, o triste y arrepentido, o rechazado y destruído por dentro, e incluso pensé que era un repartidor de flores esperando la hora exacta para entregar el encargo.
    Ahora volví a leer la entrada, y me parece que quizás no entendí bien el juego, pero creo que igual le saqué provecho.
    ¡Un abrazo enorme!

    Samu.

    • Sara Suberviola
      Publicado a las 19:29h, 25 junio Responder

      ¡Hola, Samu! Como siempre, encantada de leerte 🙂 Bueno, tal vez no hayas seguido el ejercicio al pie de la letra, pero si te ha servido el objetivo está cumplido. Me alegro de haberte sacado de la abstracción para encontrar inspiración a tu alrededor. Puedes aprovechar la conversación entre las señoras para realizar este nuevo ejercicio, que acabo de publicar: https://www.teinventouncuento.com/juegos-entrenar-creatividad-literaria-parte2/ Respecto al chico con las flores, a mí también me llama la atención que su rostro no expresara nada. Tal vez el adjetivo único en este caso podría ser «inexpresivo», o «neutro», o «vacío». ¿Qué opinas? A mí ya se me están ocurriendo varias posibles historias. Podría ser alguien que ha comprado flores solo por cumplir con el aniversario, pero que ya no siente nada por la persona a la que se las va a entregar. O tal vez un ayudante que las ha comprado para que su jefe o jefa las regale, sin ninguna implicación emocional con el regalo. O podría ser que en el fondo estuviera muy muy nervioso, tanto que estuviera realizando algún tipo de ejercicio de meditación para devolver la calma a su corazón, de ahí su cara inexpresiva ¿Qué me dices? ¿Alguna idea más? ¡Un beso y a seguir imaginando!

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