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Adorable Cute Girl Reading Storytelling Concept

Manual de uso de los libros infantiles para adultos poco imaginativos

Desde diciembre de 2016, hemos iniciado una colaboración en el blog de Boolino, donde hablaremos de cuentos infantiles, historias clásicas y otros temas relacionados con la lectura y la escritura.

Este fue nuestro primer artículo sobre cuentos infantiles, dedicado a la imaginación:

Manual de uso de los libros infantiles para adultos poco imaginativos

Permíteme que suponga, querido lector, que si has abierto este artículo es porque eres uno de esos adultos que se define a sí mismo como poco imaginativo. Si es así, has hecho bien en hacer clic. Y si por el contrario consideras que has nacido con el don de la imaginación, también estás en el lugar correcto. En cualquier caso, pronto saldrás de tu error.

Estás equivocado -por poco tiempo, no te preocupes- porque partes de una idea errónea: que la imaginación es algo así como un rasgo genético que a unos les toca y a otros no, y que se puede tener una vida normal -más aburrida, eso sí- careciendo de imaginación.

Veamos por qué este planteamiento es falso. Si la imaginación fuera una cualidad secundaria o prescindible para la especie humana, digamos como los ojos azules o los pies pequeños, entonces tendríamos que ser capaces de concebir un mundo sin imaginación de la misma manera que podemos pensar en un universo habitado en exclusiva por seres de ojos verdes y pies enormes. Bien, inténtalo. Venga, que es un segundo: ¿cómo crees que sería el mundo si nadie en él tuviera imaginación?

Vale, en blanco no te habrás quedado. Más bien en tu cabeza habrá predominado el gris. Hombres y mujeres iguales con la mirada perdida y la cabeza baja, dirigiéndose de forma ordenada de un lugar a otro, a cada cual más serio… ¿sí?

Pues como si has pensado en marcianos fosforitos. Da igual, el caso es que lo has hecho gracias a tu imaginación. La imaginación es una herramienta básica del pensamiento. Sin ella la vida no sería más triste, sería ininteligible. No podríamos comprender nada del mundo si no fuéramos capaces de crear en nuestra cabeza imágenes nuevas de cosas que no hubiéramos visto, sentido o tocado antes. Hasta para entender cómo funciona un grifo hace falta imaginación.

Bien, aclarado tu error inicial y como lo prometido es deuda, veamos ahora qué pautas básicas podría contener un hipotético manual de uso de los libros infantiles para adultos poco imaginativos.

El primer consejo sería -por las razones que ya hemos visto-: olvídate de que eres poco (o muy) imaginativo.

En segundo lugar, te recomendaría lo siguiente: olvida que estás leyendo un libro infantil. No hace falta que te conviertas en un niño para leerlo. Serás más útil si sigues siendo tú mismo, como aconsejaba Gianni Rodari a los autores de literatura para niños: “No se ha de fingir niño, pretender ver el mundo a través de ojos infantiles, hacer criaturadas o revivir su infancia. A los niños les gusta jugar con el adulto, que con su experiencia puede hacer más interesante el juego”.

Y a través del juego llegamos a la tercera y última pauta que te quiero proponer: olvídate de que es un libro. Piensa que es un juguete. Esta era la propuesta de Rodari, para quien “definir el libro como un juguete no significa en absoluto faltarle el respeto, sino sacarlo de la biblioteca para lanzarlo en medio de la vida, para que sea un objeto de vida, un instrumento de vida”.

No se trata de que lo echéis al montón de los muñecos o le arranquéis las páginas para desplumarlo, sino de que en lugar de enfrentarte a un libro como a un templo de la sabiduría lo hagas como un ejercicio de pura imaginación. Déjate de normas, de moralejas y de manuales. Entrégate al placer de descubrir en tu mente ideas, lugares y situaciones nuevas. Ejercita tu imaginación. Recuerda que la tienes. Y la necesitas.

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