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Cinco pasos para comprobar si has escrito un buen diálogo literario

Hazte estas preguntas sobre tus diálogos y elimina los errores más frecuentes que suelen cometerse al hacer hablar a los personajes

Dominar el arte de escribir diálogos es imprescindible para un escritor.

Los diálogos son la escena literaria en estado puro y son cruciales para cuestiones tan relevantes como el ritmo narrativo, la caracterización de personajes o la verosimilitud de tus historias.

Tenlo claro: un mal diálogo ahuyentará hasta al más fiel de los lectores. Un lector adulto busca los diálogos en las novelas de la misma manera que un niño busca dibujos en los libros. Los diálogos son una garantía de que tu historia no va a ser aburrida ni monótona.

Son imágenes en movimiento de tus personajes, pruebas de que existen por sí mismos más allá de lo que nos quiera contar el narrador.

Cinco pasos para comprobar si has escrito un buen diálogo literario

“Vale, Sara”, dirás, “¿y cómo lo hago?”. Bueno, como casi todo en la escritura, es cuestión de práctica. De práctica y de oído, porque cuanta más atención prestes a cómo se expresan las personas de carne y hueso más capaz serás de redactar diálogos creíbles y naturales.

Pero con este consejo no te basta, ¿verdad? No te preocupes, tengo una solución más concreta que puedes empezar a aplicar desde ya.

Fijándome en los errores que más habitualmente cometen los alumnos de mis talleres de escritura, he preparado para ti una batería de preguntas que te ayudarán a comprobar si ese diálogo que acabas de escribir es adecuado o necesita una edición a fondo.

Estas son las preguntas que debes hacerte para eliminar los errores más comunes en los diálogos literarios:

1. ¿Cada personaje tiene su propia forma de expresarse?

No todo el mundo se expresa igual. Cada persona tiene su forma de hablar, más o menos coloquial, más o menos vehemente, más o menos rebuscada. Tenemos expresiones y muletillas propias, nuestra manera de hablar es el resultado de múltiples circunstancias: la edad, el origen, la educación, la personalidad… Si en tu diálogo necesitas decir quién está hablando para que el lector distinga a los personajes es que no lo has hecho bien. Una de las estrategias básicas de caracterización de un personaje (como veíamos en este artículo) es a través de su discurso. Y no es una estrategia optativa: si el personaje habla, su personalidad ha de estar ahí, entre sus palabras.

2. ¿Parece una conversación natural?

Una vez que tengas terminado tu diálogo, hazte un favor: léelo en voz alta. ¿Cómo suena? ¿Parece una conversación real o es una sucesión de monólogos interminables? En la vida real dejamos frases a medias, no decimos todo lo que queremos decir a la primera ni utilizamos un montón de frases subordinadas. Para que tu diálogo sea creíble tiene que tener las imperfecciones propias del lenguaje oral. De otro modo, será inverosímil.

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3. ¿Son útiles las acotaciones que he puesto?

Las acotaciones son la información adicional que intercalamos en los diálogos para contar qué están haciendo los personajes más allá de las palabras. La mayoría de las veces son necesarias, porque una conversación, además de palabras, contiene gestos, reacciones, tonos, silencios. Pero cuidado: tampoco te pases. No hace falta que me cuentes segundo por segundo cada gesto de los interlocutores, ni que atribuyas cada frase a su propietario con un verbo de dicción. Indícame solamente aquello que de verdad aporte algo a la historia, que sea necesario para comprender la conversación más allá de las palabras. El resto sobra.

4. ¿Hay información demasiado obvia o inútil?

Decía unos párrafos más arriba que tus diálogos deben parecerse a las conversaciones reales. Y lo mantengo. Pero me gustaría matizarlo un poco. Una transcripción tal cual de una conversación real difícilmente puede encajar en un texto literario. Al hablar nos saludamos, nos vamos por las ramas, divagamos mucho. Todo esto sobra en una historia. Al revisar tus diálogos, procura eliminar todo lo superfluo y quédate solo con lo sustancial, con lo que de verdad aporta significado, ya sea porque muestra cómo es el personaje o porque es relevante en el desarrollo de la historia.

5. ¿He tenido en cuenta la situación de cada personaje?

Este punto está relacionado con el primero de la lista. Cada personaje tiene su propia forma de expresarse. Pero, además, cada personaje está viviendo una determinada situación y esta afecta a su estado de ánimo. Ponte en la piel de cada interlocutor. ¿Cómo se siente? ¿Está triste, está nervioso, está lleno de ira? Porque no se expresará igual según cuál sea su momento vital.

 

Ahora, como siempre, te toca ponerlo en práctica.

Rescata uno de tus diálogos o escribe uno nuevo y, a continuación, revísalo teniendo en cuenta estos cinco errores comunes. ¿Quieres que te eche una mano? Lo haré encantada. Tan solo pégalo en los comentarios de este artículo y te daré pautas individuales para mejorarlo.

8 Comentarios
  • Carlos Alberto
    Publicado a las 21:48h, 27 octubre Responder

    A Corazón Abierto

    El Corazón, vuelto a su realidad, preguntó a la Duda.
    -¿Y el cuento?
    -Deleznable.
    Paulatinamente recobraba su ritmo.
    -¿Por qué?
    -Falto de enunciación.
    -Explícate.
    -Nudo y desenlace no logran…
    -¿Dejó corregirse?
    -¡Mmmm…! Digamos que…
    -¿Cómo reaccionó?
    -Modificando la curva dramática.
    -¿Y?
    -Sin resultado.
    -¿Perseveraste?
    -¡Sí!
    -¿Y?
    -Falta de conmoción. Sólo bocetos para, al final, restar crédito a la historia del creador en el quirófano. Crea un anticlimax desfavorable con las mariposas en la puerta del convento.
    -¿Veleidad surrealista?
    -¡Quizás!
    -¿Le informaste?
    -¡No!
    -¿Por qué?
    -El ángulo fantástico subordina el realista.
    -¿Desarrollaste?
    -Fui cordial.
    -¿Y?
    -También exhaustivo.
    -¿Cómo reaccionó?
    – Sin argumentar creativamente.
    El tono fue hostil. El Corazón no cedería.
    -¿Y ahora?
    -….
    -¿No insististe?
    -¡Digamos que sí, sí… sí!
    -¿Y?
    Existía la respuesta para la cual la duda se había instruido pero se imponía una pausa. Era algo más que un monosílabo a satisfacer. Se miró una, otra y otra vez. Mariposa. Convento. ¿Estaría soñando en aquel ejercicio, aún cuando el sí o no de la vida estaba en manos experta? Dentro del límite omnisciente se contuvo. Nada de monólogo interior ni mierdas para engordar resúmenes. Uno, dos… treinta minutos. Sonrisas en el quirófano. Le favoreció el milagro. Dejaría de ser una Duda para convertirse en texto dentro del texto sin sacrificar nada. Fue con todo.
    -Rascó sus bultos. Maquinó algunas teorías. Juzgó la del iceberg. Dejé persuadirme. En algún momento imité rascándome. Así, a veces de simple, es la cosa.
    Dijo experimentando cierto placer mientras el cirujano colocaba el punto final.

    • Sara Suberviola
      Publicado a las 09:58h, 03 noviembre Responder

      ¡Hola, Carlos Alberto! Veo que has cambiado a uno de los interlocutores y has eliminado el nudo que generaba más problemas en tu diálogo anterior. Me gusta el resultado. Pienso que su mayor virtud es el ritmo. El lector no sabe muy bien qué está ocurriendo pero eso no es malo, al contrario, las frases te van llevando una a otra hasta el final, consigues que la lectura cautive y atrape. Muchas gracias por tu esfuerzo y por tu trabajo, es un gusto leerte.

  • Samu
    Publicado a las 22:29h, 26 octubre Responder

    Dos generaciones, un cacerolazo.

    Marta sonreía, una abuela chocha que no podía contarle a su hija que había llevado a su nieta al cacerolazo.

    – Abuelita, ¿por qué la gente está contenta? -dijo Melanie mientras se sentaba en el pasto después de haber saltado bastante rato.
    – No es que estén contentos, pero esto es una manifestación pacífica -le dijo Marta que se sentó a su lado.
    – ¿Qué es manifestación pacífica?
    – Eh…

    Marta tenía que hacer su mejor intento por explicar a su nieta de forma clara lo que estaba sucediendo a su alrededor.

    – Mira Melanie, una manifestación pacífica es una manera que tenemos las personas de reclamar nuestros derechos, y hacemos ruido para que el Presidente nos tome en cuenta.
    – ¿Y por qué están reclamando?
    – Por muchas cosas, cosas que son injustas, cosas que tienen que mejorar.
    – Ah… Ayer mi mamá estaba viendo las noticias y había gente que estaba tirando piedras y rompiendo cosas en la calle, ¿ellos están enojados?
    – Si, algunos están enojados, pero nosotros que estamos aquí también lo estamos.
    – ¿Tú también estás enojada?
    – Si, porque el Presidente no quiere escuchar.
    – Eso no está bien, el Presidente tiene que escuchar a la gente, ¿y por qué no quiere escuchar?

    Las preguntas de Melanie se estaban tornando cada vez más complicadas, aún así Marta no se rindió.

    – Mira Melanie, cuando tú sales con tu mamá, ¿le pides que te compre cosas, cierto?
    – Si, a veces le pido un juguete, un helado, un pastel…
    – ¿Y siempre te compra lo que quieres?
    – No.
    – ¿Y qué haces tú cuando te dice que no?
    – Me pongo triste, a veces me enojo.
    – ¿Y después?
    – Se me olvida.
    – ¿Y si vuelven a pasar por fuera de la tienda de juguetes o por la heladería?
    – Ahí me acuerdo y le pido otra vez -ríe.
    – ¿Y si te vuelve a decir que no?
    – Eh… hago pataleta -respondió avergonzada.
    – ¿Ves? Es algo parecido. Es como si aquí estuviéramos haciendo una pataleta porque estamos aburridos y cansados de que no nos escuchen, o nos digan que no cuando pedimos algo que es justo.
    – Entonces, ¿mi mamá es como el Presidente?
    – No -Marta ríe a carcajadas, la imagen le parece graciosa. – Si tu mamá no te compra cosas es porque a veces no se puede, no le alcanza el dinero porque gana poco en su trabajo.
    – ¿Y por qué le pagan poco si trabaja harto?
    – Eso es algo injusto, una de las tantas cosas por las que se reclama.
    – ¿Y cuales son las otras cosas?

    Marta sonrió otra vez, le explicó a Melanie todas las razones que generaban descontento en la gente. Cuando hubo terminado, Melanie se paró y empezó a golpear su sartén con mucha fuerza. Ya comenzaba a oscurecer, faltaba una hora para el toque de queda, tenían que volver a casa.

    – Abuelita, mañana quiero venir de nuevo, y quiero que mi mamá también venga, ¿ya?

    • Sara Suberviola
      Publicado a las 09:53h, 03 noviembre Responder

      ¡Hola, Samu!

      Muchas gracias por compartir tu diálogo, de gran actualidad y relevancia social para tu país, Chile. Has creado una imagen muy tierna de la abuela intentando responder las inacabables preguntas de la niña.

      El ejemplo de la pataleta es un pelín arriesgado porque las pataletas no siempre tienen un fin justo, pero también puede ser fácil de entender para una niña y es verosímil de una abuela lo intente explicar así.

      En general el diálogo está bien construido y responde a una comunicación natural entre abuela y nieta, aunque habría que repasar algunas palabras que tal vez la niña no puede entender, como los derechos o la justicia. Todo depende de la edad y madurez de la niña.

      Por lo demás, creo que se ajusta bien a las cinco comprobaciones propuestas en el artículo, has realizado un buen ejercicio.

      ¡Gracias!

  • Carlos Alberto
    Publicado a las 12:01h, 24 octubre Responder

    Hola Sara.
    El texto no se iza sobre una lógica, me perdí y se fue perdiendo él. En un principio algo de mayor claridad era el propósito, la falta de astucia o técnica dieron al traste. Quise ser paño y terminé lágrima. Resumen: un cuento escrito dentro de un cuento por el mismo cuento. ¡Vaya asunto! El final «difícil de valorar» Agradecido su olfato.
    El texto lo envié más por la propuesta de valorar lo intrínseco -el diálogo en si- que el aspecto argumental. Sé que todo tiene que reciprocarse.
    Confieso está escrito mucho antes de leer sus excelentes artículos. No estoy convencido de si intentar reescribir la historia o salirme de la zona donde el confort no estuvo al alcance.
    Gracias por aportar lucidez en medio de su gestación. Su noble esfuerzo dice mucho.
    Descanse.
    Devuelvo merecidamente el abrazo.

    • Sara Suberviola
      Publicado a las 18:41h, 24 octubre Responder

      Yo no lo veo perdido, Carlos Alberto. Era una peripecia ambiciosa la que te proponías y pienso que está bastante conseguida. Y sí creo que hay lógica en la historia: es la alucinación de un escritor anestesiado, que incluso cuando su vida está en juego en lo que piensa es en su último relato. Lo que estás contando es un delirio y así es como ha de ser: delirante. Pienso que con algún ajuste en las partes que te he comentado el resultado sería mejor, no lo deseches tan pronto. De corazón te lo digo 😉

  • Carlos Alberto
    Publicado a las 04:40h, 23 octubre Responder

    A Corazón Abierto

    El Corazón, vuelto a su realidad, preguntó al Marca Paso.
    -¿Y el cuento?
    El Marca paso fue concienzudo.
    -Deleznable.
    El Corazón inquiría. Paulatinamente recobraba su cadencia.
    -¿Por qué?
    -Falta de garra en el nudo -satisfizo el Marca Paso.
    -¡Explícate!
    -Vives o sueñas. Los dos contextos en su filosofía no logran definir. Cuagulan las arterias..
    -¿Le informaste? -sondeó con nobleza el atribulado.
    -¡Sí! -un aire de jerarquía moldeaba la afirmación.
    -¿Cómo reaccionó?
    -Sacrificando el número nivel de realismo.
    -¿Y?
    -…. algo esotérico al esperimentar.
    -¿Y? – el acoso interrogativo persistía.
    -Falta de conmoción. Simples bocetos para, al final, mariposas en la puerta de un convento creando murmuro antes de ir por limosna.
    -¿Veleidad surrealistas?
    -¡Quizás!
    -¿Le informaste? -las súbitas interrogaciones daban una razón espartana al Marca Paso.
    -¡No!
    -¿Por qué?
    -Cagas o te masturbas pero en un ángulo épico subordinas la trascendencia..
    -¿Desarrollaste?
    -Fui cordial y exhaustivo pero de nada vale te lo repita.
    -¿Cómo reaccionó?
    -Sin argumentar creativamente.
    Tenía cierto tono hostil aquella respuesta pero el Corazón no cedería tan fácil.
    -¿Y ahora?
    -Nada.
    -¿No insististe?
    -¡Sí!
    -¿Y?
    Existía la respuesta para lo cual el Marca Paso se había instruido. Era algo más que un monosílabo a sartisfacer. Se miró una, otra y otra vez. Mariposa. Murmullo. Limosna. ¿Estaría viviendo o soñando dentro de aquel ejercicio épico donde cagar o masturbarse subordinaban la trascendencia? Tachó rasgos disímiles en una espiral de lirismo, ahogaban el desenlacen. Ahora contestaba al Corazón con libertad, sin pugna.
    -Dubitativamente rascó sus partes obscenas..
    Dijo experimentando cierto placer mientras el cirujano colocaba el punto final.

    • Sara Suberviola
      Publicado a las 09:54h, 24 octubre Responder

      ¡Hola, Carlos Alberto! Wow, tu diálogo es… ¡delirante! Entiendo que ese es precisamente el objetivo, dar la sensación de algo así como un delirio o alucinación durante una operación a corazón abierto.

      Los interlocutores no son humanos, por lo que la naturalidad de su forma de expresarse es difícil de valorar 😉

      Sí que percibo alguna diferencia entre el Corazón y el Marcapasos (la forma correcta de escribirlo es en una única palabra). Básicamente que el Corazón solo pregunta y exclama, es la pulsión, el querer saber, mientras que el Marcapasos es el que da respuestas. Eso sí, respuestas difíciles de comprender para el lector.

      Al comenzar la lectura, creo entender que están conversando sobre un cuento que ha escrito o está escribiendo el operado. Pero hay un momento en el que pierdo completamente el hilo, cuando dice lo de que “cagas o… la trascendencia”. La frase es impactante pero del todo incomprensible. Entiendo que es el clímax del delirio, pero no me acaba de cuadrar con la pregunta a la que responde (¿por qué no le informaste?). A lo demás más o menos le encuentro un sentido (dentro de la locura) pero en este punto algo no me cuadra. Luego, al leer “dubitativamente rascó…” creo comprender que se referían a eso, que el autor por fin ha encontrado la frase que estaba buscando para su cuento, o repite la frase que no ha gustado al Corazón y al Marcapasos, pero esto no soluciona el desencaje previo en el diálogo. Espero estarme explicando.

      Tal vez me sobre alguna acotación. Por ejemplo, cuando dices “satisfizo el Marcapasos”, en realidad no satisface nada porque el Corazón no le entiende. Y cuando dices “el acoso interrogativo persistía” es innecesario, ya lo veo con las preguntas del Corazón.

      Por lo demás, las incógnitas que vas abriendo mantienen las ganas de seguir leyendo y el cierre final refuerza la idea de que se trata de un desvarío anestésico.

      Muchas gracias por compartir tu trabajo, si quieres hacerme alguna aclaración seguro que me sirve para entender mejor cuáles eran tus intenciones detrás de cada frase.

      ¡Un abrazo!

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