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Doce patrones de los cuentos infantiles clásicos que puedes imitar para escribir historias memorables (parte I)

La tradición oral ha mantenido vivos algunos relatos durante siglos. Antes de ponerte a innovar necesitas conocer a fondo las fórmulas de éxito de los cuentos populares.

Se han contado generación tras generación durante siglos. Y siguen funcionando. Hoy. En 2018. ¿Por qué? Los cuentos populares clásicos, procedentes en su mayoría de la tradición oral, tienen algo que los hace perdurar.

La cuestión es ¿qué es ese algo? Decenas de estudiosos se han hecho esta misma pregunta, respondiéndola desde distintos enfoques: narrativo, psicológico, didáctico, histórico. Al final de este artículo tienes algunos libros que puedes leer si te interesa profundizar sobre el tema.

Sin embargo, mi objetivo no es dar una respuesta definitiva a esta cuestión, ni mucho menos, sino extraer para ti, que quieres escribir tus propias historias, algunas pautas que puedas aplicar al construir tus propios cuentos.

cuentos clásicos populares infantiles

Por ello he seleccionado un total de doce factores recurrentes en los cuentos populares clásicos. Son esquemas o elementos que se repiten una y otra vez, y que pueden servirte para escribir tus propios cuentos infantiles.

Estos son los patrones de los cuentos populares para niños que puedes aplicar en tu próxima historia:

1) Un protagonista de buen corazón, un tanto ingenuo

Desde Caperucita hasta Pinocho, pasando por la Bella Durmiente o Ricitos de oro, la mayoría de protagonistas de los cuentos populares para niños son jóvenes sin malicia, que se fían de cualquiera y no piensan demasiado en las consecuencias de sus actos. Será lo que ocurre en la historia lo que los hará madurar. Este lugar común del cuento popular está muy relacionado con la concepción de la infancia que la humanidad mantuvo hasta el siglo XVII: el niño como adulto a medio hacer, que tiene que espabilar cuanto antes para ser un adulto fuerte y sobrevivir.

2) Un personaje malo malísimo

El lobo, la madrastra, el ogro, la bruja. En casi todos los relatos tradicionales para niños nos encontramos con un terrible enemigo que quiere acabar con el protagonista o con toda su comunidad. Esta es la amenaza que el personaje del héroe deberá vencer en la historia. En mi artículo Seis motivos para no quitar a los malos de los cuentos encontrarás un puñado de razones para dejarte fascinar por su maldad.

3) Lo maravilloso

Animales que hablan, hadas que conceden deseos, conjuros para dormir durante siglos. Los elementos fantásticos son un lugar común de las historias para niños. Si los usas correctamente, tus historias serán como hechizos mágicos que harán crecer la imaginación de tus lectores. Pero cuidado: que tu relato sea ficticio no significa que todo valga. No olvides que la verosimilitud es imprescindible en cualquier historia, y que si la descuidas tu lector se sentirá estafado y le dejarás un pésimo sabor de boca.

4) Una decisión equivocada

El emperador dice ver su traje, Blancanieves le da un mordisco a la manzana envenenada, Pinocho se desvía del camino del colegio. Los protagonistas de los cuentos populares, prácticamente sin excepción, cometen un error fatal. A lo largo del relato, el protagonista comprenderá por qué se ha equivocado, aprendiendo una lección de vida.

5) Una trama simple

Presentación, nudo y desenlace. Sin complicaciones ni demasiadas florituras. Las acciones se suceden una tras otra desde el principio hasta el final de la historia. Los cuentos populares son una secuencia de hechos ordenados cronológicamente. Huyen de la complejidad y de los experimentos literarios. Y eso les permite pasar de boca en boca sin desvanecerse.

6) Un narrador externo y todopoderoso

Todos los cuentos infantiles clásicos, sin excepción, son narrados por alguien externo a la historia. El relato no lo cuenta ningún personaje, sino una figura ajena que dispone de más información que cualquiera de los sujetos que intervienen en la historia. Esto facilita bastante el trabajo del escritor, la verdad. Aunque, como en el punto 3, deberás tener cuidado: no todo vale. Procura que tu narrador no opine demasiado ni se pase con las descripciones. Aplica siempre que puedas la máxima Show, don’t tell, como te recomendaba en mi artículo sobre los Tres trucos para que tus cuentos infantiles no pierdan el ritmo.

Tengo para ti otro seis patrones de los cuentos clásicos que te ayudarán a escribir mejores historias, pero me los guardo para mi próximo post. No me gustaría abrumarte con demasiados consejos. Lo que quiero es que te sirvan y, para eso, tienes que aplicarlos.

Ya tienes trabajo para esta semana: empieza a construir tu cuento siguiendo los esquemas tradicionales.

¿Que te gustan más las historias más actuales, menos didácticas, más estéticas? A mí también. Pero si quieres aprender el oficio de escribir te aconsejo que comiences por el principio. Cuando seas capaz de crear buenos textos siguiendo los patrones más clásicos, entonces estarás en disposición de innovar, de transgredir las normas, de crear tu propia voz.

Así que ¿a qué esperas? Ya estás tardando en escribir el borrador de tu primer cuento popular. Deja el título o un par de frases en los comentarios, me encantará acompañarte en esta aventura literaria.

Nota: Para saber más sobre las características de los cuentos populares, puedes leer Morfología del cuento, de V. Propp o Cuentos al amor de la lumbre, de A. R. Almodóvar.

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2 Comentarios
  • Rebeca
    Publicado a las 21:30h, 09 octubre Responder

    Creo que optaré por leer los libros que recomiendas antes de dar el paso de crear mi propio cuento. Me parece un género tremendamente complicado. Tal vez, por su aparente y extrema sencillez en cuanto al esquema a seguir. En un cuento no se admiten florituras del lenguaje y todo ha de ser comedido, Los excesos arruinan la historia, y soy de las que escribe y escribe sin medida, y luego siempre me toca recortar je je.

    Muy buenos consejos. Mil gracias.

    • Sara Suberviola
      Publicado a las 13:46h, 10 octubre Responder

      ¡Hola, Rebeca! Está muy bien que tengas ese respeto hacia el género, pero no dejes que el miedo te paralice. No hace falta que crees un cuento perfecto, solo que practiques con él para que aprendas de tus propios errores. Si tiendes al exceso, buscar una trama sencilla será un buen ejercicio para aprender a simplificar. ¡Ánimo y a escribir!

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