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Por qué tú también eres un escritor de brújula

Si estás empezando a escribir, todo lo que suene a norma te baja la inspiración a los pies

La escena se repite en todos mis cursos de escritura. En un momento dado, les hablo a mis alumnos de la archiconocida distinción entre los escritores de brújula y los escritores de mapa, que se atribuye a Javier Marías.

Los escritores de brújula son aquellos que, al escribir, se dejan llevar sobre todo por su instinto, y van decidiendo sobre la marcha buena parte del desarrollo de la historia.

Los escritores de mapa, por el contrario, son aquellos que parten siempre de un guion previo, escaleta o esquema pormenorizado, y solo cuando lo tienen listo empiezan a escribir su historia.

“¿Qué tipo de escritores sois vosotros?”, les pregunto entonces. Todos lo tienen claro: son escritores de brújula.

escritor de brújula y escritor de mapa

Lo dicen con seguridad, con el alivio y la esperanza que les infunde saber que su manera de escribir tiene un nombre y que escritores tan consagrados como José Saramago o Stephen King han alcanzado el éxito con ella.

La cosa cambia cuando doy un paso más y les pregunto si este sistema les funciona y si consiguen con él textos terminados y satisfactorios. Obviamente, si la ausencia de planificación les diera grandes resultados, no se apuntarían a un curso de escritura.

Lo que ocurre es que la planificación, el borrador, las preguntas previas y cualquier tipo de norma rompen un poco ese hechizo inicial que te empuja a escribir. Pero son herramientas básicas del escritor.

Imagínate un arquitecto que quiere construir un edificio pero pasa de hacer cálculos porque eso de dibujar a escala o medir los litros de cemento y los kilos de hierro que necesitan los cimientos le parece aburridísimo, de lo más vulgar. ¡Él es un artista, por el amor de Dios! Sí, seguro que hay más de un arquitecto así, pero cuentan con un maravilloso equipo que se va a encargar de hacer todo ese trabajo por ellos. Sin embargo, el escritor es a la vez arquitecto, jefe de obra, albañil y decorador de cada una de sus historias.

Otro ejemplo: la fotografía. Te encanta hacer fotos. Utilizas el modo automático de tu cámara y disparas hacia todo aquello que te gusta. Sientes que se te da bien, que tienes talento, que tus imágenes son bonitas o impactantes, que eres capaz de decir algo a través de una fotografía. Así que decides apuntarte a un curso de fotografía. El primer día, te empiezan a hablar de aperturas y velocidades de obturación, de rangos dinámicos y leyes de composición. Y se te cae la inspiración a los pies.

Tienes dos opciones. La primera es abandonar las clases y seguir disfrutando del comodísimo modo automático de tu cámara, que para algo lo han inventado. La segunda es superar esa primera decepción y seguir trabajando hasta que todos esos números y normas dejan de parecerte algo extraño para integrarse en tu mente, hasta que llegue un momento en el que utilices la técnica de un modo intuitivo, casi sin darte cuenta. ¿Con cuál de las dos crees que acabarás haciendo mejores fotos?

Sin duda, los escritores de brújula existen.

Y son auténticos héroes, intrépidos aventureros que recorren territorios desconocidos sin más ayuda que su brújula. Pero claro, corren algunos riesgos. El principal es perderse por el camino, lo que les obligará a poner en práctica toda una serie de estrategias de supervivencia. Tendrán que cruzar ríos helados a nado y atravesar a pie inhóspitas montañas. Pasar la noche entre lobos y cazar ellos mismos su cena. Se verán obligados a volver atrás en más de una ocasión para encontrar rutas alternativas. Si son lo bastante fuertes, inteligentes y tenaces, conseguirán llegar a su destino y allí (quizás) serán aclamados por los lugareños, que (tal vez) aplaudirán su gran hazaña.

Todo muy épico, pero poco práctico ¿no crees? Sobre todo si pretendes disfrutar del viaje. Un pequeño mapa, por básico que sea, te hará el camino más fácil. Al menos sabrás dónde pasar la noche sin preocuparte por los lobos y de dónde puedes obtener fácilmente las mejores bayas silvestres.

Sí, este ejemplo es un poco exagerado. Sobre todo porque esta distinción es muy clara en la teoría, pero en la práctica se puede ser un poco de brújula y un poco de mapa.

Mi consejo, si estás empezando a escribir, es que esboces siempre un pequeño mapa. Luego puedes salirte un poco de la ruta, incluso modificarla si es necesario. Pero ten al menos un trazo, una línea que seguir. De este modo, conseguirás:

  1. Bloquearte menos
  2. Depender menos de tu inspiración
  3. Dejar de pensar en qué va a ocurrir para centrarte en cómo lo vas a contar, que es la verdadera esencia de la literatura
  4. Evitar los flecos sueltos, los personajes innecesarios y todo aquello que no aporte nada a la historia

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¿Qué me dices? ¿Te he convencido? ¿O sigues pensando que lo tuyo es la brújula y nada más? ¡Cuéntamelo en los comentarios!

6 Comentarios
  • Eva
    Publicado a las 11:11h, 28 marzo Responder

    Muchas gracias Sara! Y qué buena aportación, Vanesa!! Me encanta la entrevista a los personajes como mero ejercicio de creatividad, incluso para crear spin offs de la historia principal!!!! Me estoy imaginando una quedada a tomar un café con cada uno de los personajes infantiles, osito de trapo, triceratops de plástico, muñeca de porcelana, para hacerles esas entrevistas en profundidad. Seguro que de ahí podrían salir auténticas joyas! Jejejeje

    • Sara Suberviola
      Publicado a las 12:21h, 28 marzo Responder

      ¡Buenísimo, Eva! Seguro que al triceratops le va más el café solo doble, mientras que osito de trapo prefiere un té con leche y azúcar… Buenooo, ya me habéis puesto la imaginación a mil por hora, chicas, me muero de curiosidad por conocer las confidencias de cada personaje. ¡Gracias!

  • Vanesa
    Publicado a las 19:40h, 26 marzo Responder

    Soy una escritora de brújula, claro, pero también soy periodista asi que cuando me surge una idea, voy de inmediayo a las 5 (o 6) W para poder situarme. Por otra parte, hay personajes más tímidos así que muchas veces, no me queda más remedio que “entrevistarlos” para que me cuenten todo lo que necesito saber.

    • Sara Suberviola
      Publicado a las 10:49h, 27 marzo Responder

      ¡Hola, Vanesa! Yo también soy periodista 😉 Creo que eso nos da una importante ventaja: sabemos que escribir es un oficio y que se trata de aplicar técnicas más que de esperar a que llegue la inspiración. Me encanta lo de entrevistar a los personajes, es una gran idea para crear borradores antes de escribir la historia. Tengo previsto un artículo sobre preguntas que debes hacerte para construir un personaje, pero entrevistarlos directamente tiene un plus: los haces hablar. Así, además de perfilarlos, también defines cómo se expresan, las palabras que usan, su registro, su tono… Es genial.

  • Eva
    Publicado a las 19:32h, 26 marzo Responder

    Hola Sara!! Yo era de brújula y no sólo en cuanto a la escritura! Empezar con toda la fuerza y toda la ilusión y poco a ver como la energía y la motivación van desapareciendo y me voy perdiendo por el camino… Esa era la tónica habitual en mis proyectos. Al final, creo que no sólo es un estilo de escritor, si no casi un estilo de vida! Afortunadamente, nunca es tarde para rectificar y ahora trato de trazar el mapa antes de lanzarme a dar machetazos para abrir camino sin más. Y veo que como escritora en potencia también tiene sus ventajas hacerlo así. Dar el cambio de la brújula al mapa requiere un trabajo interior profundo, pero seguro que merece la pena! Muchas gracias por el post!

    • Sara Suberviola
      Publicado a las 10:29h, 27 marzo Responder

      ¡Hola, Eva! Muy interesante la aplicación de la distinción a otros campos, no se me había ocurrido pero es cierto que puede hablarse incluso de estilo de vida. A mí tampoco me vendría mal un poco más de mapa en muchos aspectos, la verdad 😉 Lo mejor de seguir un plan es que ya no tienes que andar improvisando y eso quita mucha presión. Pero tener esa fuerza para soltar machetazos cuando hace falta es también algo necesario, siéntete orgullosa de ello. Mucho ánimo con todos tus proyectos, sean o no de escritura. ¡Un beso!

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