Volver arriba

Por qué tienen tan mala fama los adverbios terminados en -mente

Descubre los motivos de su nefasta reputación y evita que proliferen en tus textos

Si tienes, como yo, el vicio de leer manuales de escritura y de estilo, ya lo sabrás. Los adverbios terminados en -mente tienen una fama horrible entre los escritores. Son la oveja negra de los recursos de cualquier autor, un hábito malsano de principiante que debes quitarte de encima lo antes posible.

¿Esto es nuevo para ti? Te propongo un ejercicio. Echa un vistazo a tus últimos textos y cuenta cuántas palabras has escrito terminadas en -mente. Venga, no tengas pereza, que en tu procesador de textos hay un botoncito de búsqueda.

¿Qué? ¿Cuál es el resultado? Si te sale uno por página, vamos mal.

¡Ojo! ¡No te me vengas abajo todavía! Si no conocías la maldición de los adverbios, es natural que hayas caído en ella. Ahora que ya lo sabes, puedes ponerle solución.

por qué evitar los adverbios terminados en -mente

Lo primero que tienes que hacer es entender por qué es preferible evitarlos. Desde mi punto de vista, existen tres razones principales:

  1. Son un recurso fácil para no elegir mejor los verbos

Las palabras terminadas en -mente son adverbios de manera que complementan el significado del verbo. Lo que ocurre es que, la mayoría de las veces, si eliges mejor el verbo, el adverbio es prescindible, está de más. Es como cuando te sirven un plato rebosante de salsa: empiezas a sospechar y te preguntas qué es lo que querrá camuflar esa capa pastosa. El adverbio es como esa salsa inquietante: una evidencia de que lo que hay debajo no es lo bastante bueno, o de que el cocinero no tenía ninguna gana de romperse la cabeza.

  1. Resultan repetitivos a nivel fonético

Coges un adjetivo y le añades el -mente detrás. Ya lo tienes. Un adverbio listo para colocar junto a ese verbo sosillo y poco preciso. Pero claro, son cinco letrazas, dos señoras sílabas que se repiten una y otra vez a lo largo del texto. Como un mantra de palabras demasiado largas con las que la lengua o los ojos se tropiezan una y otra vez. El exceso de este recurso ensucia el texto, introduce en su lectura un molesto zumbido de mosca tonta y pesada.

¿Quieres desbloquear tu creatividad? Echa un vistazo a mis

cursos online para disfrutar escribiendo

  1. Evidencian la presencia del narrador

Ya hemos hablado en otras ocasiones de que, en narrativa, es mejor mostrar que contar. El lector desconfía del narrador, sobre todo si es un narrador externo y omnisciente. Y hace bien. Porque la magia de la literatura está en sumergirnos sin intermediarios en un mundo imaginario. Si yo te digo “María y Luis discutieron acaloradamente” entenderás lo que quiero decir. Pero si te muestro la vena hinchada en la frente de María y pongo en la boca de Luis una palabrota bien gorda, entonces ya no necesitarás confiar en mi criterio, tú mismo llegarás a la conclusión de que la cosa se calentó más de la cuenta.

Bien, ahora ya sabes por qué debes evitar este tipo de adverbios. Espero que las imágenes de la salsa sospechosa, la mosca asquerosa y la vena hinchada vuelvan a tu cabeza cada vez que encuentres en tus textos un adverbio terminado en -mente.

Llegados a este punto, te preguntarás: ¿y qué hago?

Pues muy sencillo: esforzarte un poco más. Revisa tus textos y busca otras palabras para expresar lo mismo.

Estos son los trucos que a mí mejor me funcionan para evitar los adverbios terminados en -mente:

  • Cambiar el verbo por otro más preciso.
  • Añadir algún detalle en la escena que muestre sin tener que contar.
  • Eliminar el adverbio sin más.

 

¿Quieres que te eche una mano? Pega en los comentarios algunas frases extraídas de tus textos en las que uses un adverbio acabado en -mente. Te diré qué haría yo para evitarlos y verás de manera más práctica todo lo que te he contado.

2 Comentarios
  • Samu
    Publicado a las 22:25h, 24 mayo Responder

    Hola Sara!
    Muchas gracias por este artículo. Si pusiera aquí todos los adverbios terminados en mente que he usado en mis textos no terminaría nunca, los ocupo siempre, pero después de esto ya no más. No tenía idea sobre el rechazo que generan, ahora cuando escribo lo hago más consciente de no caer en ese error y buscar alternativas que enriquezcan el relato. Es un buen ejercicio y un recurso muy útil, de nuevo gracias.

    • Sara Suberviola
      Publicado a las 12:41h, 28 mayo Responder

      ¡Hola! Bueno, yo tampoco quedo libre de pecado, ¿eh? Más que nada se trata de evitar el abuso y, como dices, ser consciente de ello. Gracias a ti por tus comentarios, un fuerte abrazo 🙂

Publicar comentario