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Sobre este cuento

‘Fran. Since 1977’ es un cuento a medida creado para el 40 cumpleaños de un rockero empedernido. Me lo encargó su mujer, que quería un regalo personalizado y memorable para la ocasión.

 

Ella me contó que, además de un enamorado de bandas como AC/DC, Metallica o Extremoduro, su marido es forofo del Real Madrid, admirador de Tarantino, profesor de inglés, padrazo y turista gastronómico.

 

Para muchas personas, los 40 son un punto de inflexión que obliga a hacer balance de vida. Uno de esos momentos en los que uno echa cuentas del camino recorrido e imagina dónde estaría de haber tomado otras direcciones.

 

Partiendo de esta idea, y siguiendo la estructura por capítulos que tanto gusta a Tarantino, decidí escribir cuatro relatos, uno por década. Cada uno de ellos cuenta el día del 40 cumpleaños de Fran, pero de un Fran distinto en cada caso: una estrella del rock, un traductor del Real Madrid, un crítico gastronómico de éxito y el Fran real, padre y profesor de inglés.

 

Pese al alto contenido de ficción de las tres primeras historias, en todas ellas puede reconocerse la personalidad del protagonista de carne y hueso. Del que recibió este cuento como regalo de 40 cumpleaños.

Todavía no eran las siete de la mañana cuando Fran empezó a peinarse delante del espejo. La rueda de prensa para presentar al último fichaje del Real Madrid era a las nueve, y quería estar al menos una hora antes para empezar a acostumbrarse a su acento. Ya lo hizo cuando presentaron a Bale, y eso que el galés le resultaba mucho más asequible que el Geordie.

Afortunadamente para él, los futbolistas siempre decían más o menos lo mismo. Nada difícil de traducir. Un tópico tras otro. Aquel trabajo le daba mucho más de lo que le exigía. No solo conocía a sus ídolos, sino que lo invitaban a sus fiestas. Las grandes marcas lo agasajaban con regalos de lujo para acercarse a los futbolistas, y tenía acceso al palco y entrada libre al Bernabeu.

Ya anudada la corbata, Fran le sonrió a su reflejo. Pero algo en aquella imagen era impostado. Tal vez no tendría que haber accedido a aquel corte de pelo, era demasiado juvenil para celebrar los cuarenta. O tal vez fuera algo más hondo lo que le lanzaba a la cara su propia sonrisa. Como si a sus entrañas les diera arcadas aquel carísimo perfume y el roce de la seda le dejara la piel escocida por dentro. (…)

(Fragmento de ‘Fran. Since 1977’)

De haber estado en su sitio, las cortinas habrían cerrado el paso al sol y Fran habría dormido hasta la hora de cenar. Pero nada en aquella maldita habitación del hotel más caro de Manhattan estaba donde debía estar. Ni siquiera él mismo.

La luz del mediodía entraba por la ventana robándole a todo la magia de la noche anterior. La juerga le iba a volver a salir cara, y lo peor era que tendría que escuchar de nuevo el irritante tono de su manager recordándole “los riesgos de poner en juego una vez más su imagen de marca personal”. Así lo diría, con esas palabras, una y otra vez hasta aterrizar en Madrid, jugando con la ventaja que le proporcionaba su resaca. Luego, al despedirse en el aeropuerto, le daría una palmadita en la espalda y lo llamaría campeón.

Inmóvil boca abajo en la cama, con un ojo abierto y el otro aplastado contra las sábanas de raso, Fran visualizó con todo detalle cómo iba a ser el día de su 40 cumpleaños. Ya no le iban a dar más besos hoy, y los de anoche parecían un sueño a punto de ser olvidado.

Las imágenes de la noche anterior se le pegaban al cerebro como la capa residual de alcohol y excesos que ensuciaba su lengua. (…)

(Fragmento de ‘Fran. Since 1977’)

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