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taza de sopa

Sopa de piedras, la receta de la curiosidad

sopatazaSi algunas narraciones perduran y van pasando de generación en generación, de cultura en cultura, es porque cuentan algo sobre lo que somos (vivamos en la época en la que vivamos), y porque lo cuentan mejor que ninguna otra historia.

Es lo que ocurre con el cuento de la sopa de piedras y dos aspectos de nuestra naturaleza: la colaboración y -sobre todo- la curiosidad.

A grandes rasgos, la historia es la siguiente: un tío pobre pero ingenioso llega a un pueblo. El hombre está muerto de hambre. En algunas versiones, el pueblo acaba de salir de una guerra. En otras, sencillamente, la gente desconfía de los desconocidos. El caso es que sabe que si empieza a llamar a las puertas pidiendo comida, lo van a rechazar. Necesita alternativas. Nadie quiere darle de comer. Si quiere que aun así lo hagan, tendrá que hacerles pensar que en realidad están haciendo otra cosa.

¿Qué otra cosa? La sopa de piedras. ¿Qué es eso? Pues esa es precisamente la pregunta que le hacen los vecinos. Y él les dice que es una receta exquisita, que si quieren les deja probar un plato. Pero le faltan algunas cosillas. Lo primero, un caldero y una cocina. Ya ha entrado, sin nada más en los bolsillos que un currusco de pan duro y unas piedras. El tío va removiendo el caldo de piedras con mucha parafernalia y va diciendo que estaría más rico con un poco de sal, luego con un toque de chorizo, después unos puerros para suavizar, unas patatitas para que espese un poco… y los del pueblo, movidos por la curiosidad y porque quieren probar un platito, le van llevando los ingredientes, y al final acaba saliendo un guiso espectacular con unos cuantos pedruscos en el fondo.

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La moraleja, si queremos buscarla, podría ser que a la gente le mueve más la curiosidad que las ganas de ayudar. Además de una historia, la Sopa de Piedras puede considerarse, por tanto, un método.

Un método que se aplica también hoy y aquí. Sopas de piedras es lo que hace Manu Díez, un arquitecto navarro que va de pueblo en pueblo convenciendo a la gente para que le ayude a construir cosas nuevas con trastos viejos. Esta semana Manu ha participado en la exposición colectiva Rehogar 7, sobre diseño y reutilización, en Barcelona. Desde teinventouncuento.com le ayudamos a dar forma narrativa a su historia, que es una encarnación de la sopa de piedras cuyos personajes ha ido perfilando pueblo a pueblo: el que mira desde la distancia, el que hay que ir a buscar pidiéndole consejo (y no azafrán), el que huele la sopa desde la plaza. Compartimos aquí un fragmento de la receta de Manu, y un vídeo en el que se puede ver uno de sus proyectos, la construcción de un refugio domo en la escuela infantil de Mendavia.

Desde una ventana, alguien pregunta qué pasa y otro le responde que hace falta un hornillo de gas para una sopa de piedras. El carnicero no lo acaba de entender, pero ya que va lleva él el fuego, que en este pueblo nunca se cocina nada que no esté rico y así se asegura un plato. Y coge también un par de choricillos para almorzar, que nunca vienen mal. Yo, que veo los chorizos cuando muy amablemente me presta su hornillo, pregunto si hay cerca alguna carnicería buena para comprar unas rodajillas de chorizo de la zona, que le darían un toque local a la receta. Por supuesto, me ofrece un trozo. El caldo ya va cogiendo sustancia. Pronto el aroma llega a la plaza. Mientras unos miran, otros sienten que la sopa ya es suya, y que seguro que sus hojillas de laurel le darán el toque especial.


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