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La sencilla técnica que te ayudará a crear ambientes para tus historias

¿Quieres generar una sensación determinada a lo largo de tu relato? Usa un campo semántico y hazte la vida más fácil

Hoy quiero hablarte de una de las técnicas literarias que más habitualmente utilizo en mi trabajo. Ni es nueva ni me la he inventado yo.

De hecho, ya te hablaron de ella en tus años de instituto. Pero claro, fue una época muy intensa y tenías otras cosas más divertidas en las que pensar.

¡Eh! ¡Vuelve aquí! Que se te va la mente a los recuerdos de adolescencia y corres el riesgo de despistarte otra vez.

Ubiquémonos. Estamos en 2019 y has tomado la decisión de desarrollar tu talento literario.

Y yo te voy a ayudar explicándote qué narices es un campo semántico y cómo puedes utilizarlo para escribir mejor.

La sencilla técnica que te ayudará a crear ambientes para tus historias

Empecemos por el principio: ¿qué es un campo semántico?

Un campo semántico es un conjunto de palabras que están relacionadas entre sí por su significado.

¿Sinónimos? Sí, pero no solo. Veámoslo con un ejemplo. Pongamos que queremos desarrollar un campo semántico en torno a la palabra sofá. Palabras como butaca o sillón, que son sinónimos de sofá, pueden formar parte de su campo semántico. Pero también otras, como televisión, salón, familia y hogar. No son sinónimos, pero sí que tienen una relación de significado, ¿verdad?

Genial, ya has entendido la definición. Ahora vamos a ver cómo puedes utilizar esta técnica cuando te pongas a escribir tus propias historias.

Mi consejo es que utilices esta herramienta en tus borradores, antes de redactar tus textos.

¿Cómo? Primero piensa cuál es el tema o el ambiente que quieres que domine tu historia. Te voy a poner un ejemplo real para que lo entiendas bien. Hace unos años tuve que escribir un cuento para una chica a la que, en su casa, llamaban cariñosamente Caramelo.

Además, se trataba de una chica muy dulce y esto era algo básico en la historia, por lo que quería que todo el texto transmitiera esta sensación. En este caso el punto de partida de mi campo semántico era la palabra caramelo. Así que empecé a escribir palabras como dulzor, azúcar, miel, almíbar, mermelada, meloso, dulzura, dulcedumbre, confitar, garrapiñar…

Una vez que tuve un buen montón, me las dejé bien a mano. Y las fui utilizando como materia prima mientras escribía para darle a todo el texto ese sabor dulce que quería que predominara.

Aquí tienes un par de fragmentos para que veas cómo utilicé mi campo semántico:

“Caramelo tenía un alma dulce y delicada. Olía a miel y a mermelada y, si te acercabas, a almendra garrapiñada. Tras el azul de sus ojos se adivinaba un calor almibarado.”
(…)
“Pero, sin calor, las personas dulces se endurecen como la miel en invierno. Hace falta un aliento cercano para disolver los gránulos de azúcar y devolver al alma su textura natural.”

 

¿Lo ves? El caramelo lo impregna todo.

Utilizando un campo semántico, consigo que mi texto, además de contar algo, genere una sensación muy concreta: ese dulzor tan característico de la protagonista.

¿Te está resultando un poco empalagoso? Ahí van dos lecturas para contrarrestar este exceso de azúcar: el relato El río de Julio Cortázar y el inicio de la novela El perfume, de Patrick Süskind. Con la primera, sentirás cómo las palabras te arrastran como una turbia corriente hacia el desasosiego. Con la segunda, llegará a tu nariz un insoportable tufo a pescado podrido. En ambos casos, los autores consiguen esto (entre otras técnicas) seleccionando casi cada palabra por su relación con las palabras de partida: río y hedor.

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Y ahora te toca a ti. Piensa en una palabra que te resulte inspiradora. No te compliques, por favor, elige algo sencillo: una sensación básica, un objeto cotidiano… ¿Ya lo tienes? Ahora escribe una larga lista de palabras que estén relacionadas con tu palabra de partida por su significado.

¡Ojo! No se trata de que estén relacionadas para ti, sino para el común de los mortales. Si tu palabra es cumpleaños y en tu casa tenéis la extraña costumbre de celebrar los cumpleaños comiendo acelgas, no tengo nada que objetar, pero acelga no es una palabra adecuada para tu campo semántico. ¿Sí?

¡Pues a ello! Escribe al menos 15 o 20 palabras. Después, déjate inspirar por ellas y escribe un texto breve en el que las utilices. Entiéndeme, lo importante aquí no es usarlas al tuntún ni meterlas todas aunque sea con calzador. Sino intentar generar un ambiente.

Por último, pega tu texto en los comentarios, me encantará leerlo y echarte una mano si te has atascado.

8 Comentarios
  • Samu
    Publicado a las 07:11h, 15 abril Responder

    Hola! Aquí dejo parte de mi ejercicio.

    “En cuanto la vi me llamó la atención. Alta y morena, su piel de un color que nunca antes había visto. Su frondosa y rizada cabellera evocaba la figura de un fresno, el volumen de su afro me hizo imaginar los más increíbles tesoros guardados en él. Su pelo poseía diferentes tonalidades, tanto así que parecían hojas en plena primavera. Sin embargo su rostro decía lo contrario, se había quedado en el otoño, no parecía ser consciente de su privilegiada belleza ni se esforzaba en comprenderlo.

    Comencé a elucubrar teorías, pensé en cuántas habían sido las lluvias que vio pasar, y que como azotes cayeron sobre ella, asumiendo su castigo, entregada a perderse en el bosque de gente que, como ella, preferían permanecer anclados a la tierra, esperando a la más destructora sierra. Quizás a cuántos deforestadores había tenido que dejar entrar en su vida para llegar a tal nivel de desgano por vivir, supuse que llevaba marcas en su piel y en su corazón, llagas que el tiempo no borró ni la savia cicatrizó”.

    • Sara Suberviola
      Publicado a las 14:35h, 17 abril Responder

      ¡Hola, Samuel! Entiendo que la palabra de partida era ‘árbol’, o tal vez ‘bosque’, ¿es así? Se nota que el texto está trabajado, y me parece muy evocadora la imagen de tu protagonista como si fuera un elemento natural. Lo que no acabo de imaginarme es el color del pelo, porque ‘diferentes tonalidades’ es un poco vago, puede corresponder tanto a la primavera (en verdes y colorines) como al otoño (en rojizos, ocres y amarillos). Es solo un apunte por darte alguna idea que te sirva si quieres seguir trabajando sobre este texto. Muchas gracias por compartir tu texto, un abrazo.

      • Samu
        Publicado a las 20:30h, 17 abril Responder

        Si, la palabra que escogí era árbol. Lo de las tonalidades aparece en el texto, “…Tanto así que parecían hojas en plena primavera”. Pero por supuesto que podría profundizar en los colores.
        ¡Muchas gracias por tus apreciaciones!

        • Sara Suberviola
          Publicado a las 11:06h, 19 abril Responder

          Gracias a ti 🙂

  • Beatriz
    Publicado a las 14:16h, 03 abril Responder

    Sí, la palabra de inicio era “mar.

    • Sara Suberviola
      Publicado a las 20:20h, 03 abril Responder

      Estupendo, Beatriz. Has hecho un buen ejercicio, el mar está por todas partes y el resultado es natural, has usado cada palabra con sentido dentro de la historia, sin atiborrarla. Veo especialmente acertado lo del viento salado y las gotas que perlaban la piel. Y aunque no tiene tanto que ver con el campo semántico, la comparación de la piel con la madera me parece también muy adecuada e inspiradora. Además la relación entre los dos hermanos despierta mi curiosidad, me pregunto cómo han llegado allí y a dónde se dirigen, así como por qué ha acabado ella haciendo los trabajos más duros. Muchas gracias por compartirlo, te animo a seguir escribiendo, me encantará ir leyendo tus textos.¡Un abrazo y mucho ánimo!

  • Beatriz
    Publicado a las 21:54h, 02 abril Responder

    Bueno, aquí dejo mi pequeño escrito. Agradecería me indicases si, más o menos, he conseguido lo pretendido con la tarea.

    “Bech limpió su frente mientras descansaba unos instantes en la cubierta, no sabía muy bien si estaba sudando o si la humedad que se respiraba en el ambiente era la causante de las gotas que perlaban su aún delicada piel. Ella apenas llevaba unas semanas en el mar, sin embargo, se notaba que Gal llevaba bastante tiempo allí. El joven tenía la piel áspera y oscura, casi parecía parte del propio barco; era como si él también estuviese hecho de madera. No eran como dos gotas de agua precisamente, muchos ni siquiera creían que fuesen hermanos, pero así era.

    Las órdenes del capitán la sacaron de sus pensamientos. El viento salado golpeaba su rostro con bastante más fuerza de la que tenía hacía unos instantes; habría que arrizar las velas… La chica corrió hacia el mástil de popa, trepó por la escala hasta alcanzar el grátil de sobremesana y se dispuso a tomarle rizos. La vela era pesada y tirar de ella hacía que sus músculos ardieran. A veces envidiaba el puesto de su hermano, ella también preferiría estar en la cofa; allí no tendría que hacer grandes esfuerzos, ni tendría la ropa constantemente mojada… Quizá no había sido muy buena idea enrolarse en el barco aunque siempre hubiese querido ser marinera…”

    Muchas gracias de antemano.

    • Sara Suberviola
      Publicado a las 10:34h, 03 abril Responder

      ¡Hola, Beatriz! ¿Puedes indicarme cuál era tu palabra de partida? Es importante para poder valorar cómo has manejado el campo semántico. Me da la sensación de que es ‘mar’, pero no puedo estar segura. ¡Gracias!

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