Volver arriba

Tres trucos para que tus cuentos infantiles no pierdan el ritmo

Aplícalos y conseguirás que tu historia sea más fácil de leer y deje un eco musical en la memoria del lector.

A la hora de ponerse a escribir un cuento infantil, hay muchos factores a considerar. Los personajes, la historia, el estilo, la voz narrativa. Pero ¿y el ritmo? ¿Lo tienes en cuenta cuando te pones a escribir? ¿Te fijas en él cuando lees una historia?

El ritmo es un elemento esencial de cualquier texto literario. Tal vez no se aprecie a primera vista, pero cuando te detienes a observar la estructura de un buen cuento, ahí está, dándole armonía a los párrafos y haciendo más atractiva la lectura.

Lo verás enseguida con un ejemplo muy sencillo: Caperucita Roja. Piensa en la conversación que tiene la niña con el lobo nada más entrar en casa de la abuela. La recuerdas, ¿verdad? Sí, me refiero a “¡Qué ojos tan grandes tienes!”, “Son para verte mejooor”.

ritmo_cuentos_infantiles

Repitiendo una misma estructura de pregunta-respuesta, se consigue ir escalando la tensión, desde la curiosidad inocente de la pequeña hasta el ataque voraz del lobo. Desde los ojos hasta los dientes. Desde el disfraz hasta la terrible y peluda realidad.

No son tanto las palabras elegidas como su disposición lo que logra este efecto. Es la estructura la que marca el ritmo.

Si tú también quieres que tus textos tengan ritmo, toma nota de estos trucos y empieza a aplicarlos cuando te pongas a escribir:

  • Usa estructuras de tres elementos.

Piensa, por ejemplo, en Los tres cerditos. Las casas construidas por los dos cerditos pequeños acaban saliendo por los aires, mientas que es la tercera, la del hermano mayor, la que aguanta los soplidos del lobo. O en Ricitos de oro. Los dos primeros platos de sopa queman, pero el tercero está perfecto.

  • Utiliza la repetición.

Además de facilitar la comprensión, repetir determinadas frases o palabras te servirá para hilar mejor el texto. Las repeticiones serán como pequeñas puntadas para sujetar la atención del lector. Es lo que veíamos en el ejemplo anterior de Caperucita Roja, cuando en la conversación entre la niña y el lobo se reiteran algunas palabras: “Qué ** tan grandes tienes”, “Son para ** mejor”. Esta es también la función que desempeña el humorístico “¡Estamos fritos!” que repite una y otra vez el hermano de la protagonista de Dailan Kifki, de María Elena Walsh.

  • Haz que tus personajes hablen.

El diálogo rompe con la monotonía del texto aportando acción y rapidez. También invita a la teatralidad en la lectura, lo que la hace más amena y fluida. Además, un diálogo te permite mostrar a los personajes tal y como son, darles personalidad a través de su forma de expresarse (como exige la máxima literaria Show don’t tell )

Te aseguro que si en tu próximo cuento infantil aplicas estos tres trucos, notarás los resultados al instante. Tu historia será más fácil de leer y de recordar, y dejará un pequeño eco musical en la memoria del lector. Como el estribillo de una bonita canción.

Por supuesto, hay más técnicas y podríamos detenernos mucho más en cada uno de estos puntos, pero te prometí tres trucos y ya los tienes. Listos para usar ahora mismo. ¡Vamos, a escribir!

sara_suberviola_creatividad

Sigue aprendiendo técnicas de escritura creativa en Cómo escribir cuentos infantiles, el curso con el que por fin crearás tus propias historias para niños.

ver detalles del curso